Politica

Derechos Humanos y Diversidad Cultural (I)

Los sistemas jurídicos de los actuales Estados Constitucionales están diseñados de forma tal, que son construidos (y reconstruidos) desde la base hacia arriba. El diseño consiste en que a través de los llamados sistemas representativos, se recoge la diversidad de intereses de la misma sociedad sobre la cual recae dicho sistema jurídico. Y un sistema jurídico será más, o menos, democrático en relación al grado de inclusión o involucramiento de todos los sectores de la sociedad en su creación, siendo la aspiración, el mayor grado de representación posible.

Hasta aquí no parece haber mayores problemas, sin embargo, cuando intentamos responder preguntas como ¿quiénes deben ser representados? o/y ¿cómo deben ser considerados para la creación de las normas jurídicas? el asunto se vuelve más complicado.

La teoría liberal es la que mayormente se ha encargado de dichos asuntos, inclusive, los sistemas de representación política, y por lo tanto de creación del sistema jurídico, es, en su mayoría, producto de ésta.

El argumento liberal es sencillo: si habremos de reconocer que el poder soberano reside en el pueblo, éste tiene entonces el derecho a la autodeterminación, y ahí donde el pueblo tiene el derecho de autogobernarse, los miembros de éste deben ser considerados como iguales (igualdad política), de tal manera que la influencia que un ciudadanos pueda tener sobre la creación de una norma jurídica sea igual que la influencia que pueda tener el resto de los ciudadanos. En este sentido, el liberalismo sostiene que el núcleo de cualquier discusión jurídica o política es y debe ser el individuo.

Como se dijo, el actual Estado Constitucional y los diversos sistemas jurídicos que se desprenden de éste, están cimentados bajo las premisas liberales, sin embargo, las nuevas tendencias teóricas que se encargan de esta área de estudio (neoconstitucionalismo) sostienen que los sistemas jurídicos actuales están siendo influidos o determinados, cada vez más, por agentes ajenos al sistema. En otras palabras, la creación de la norma jurídica a veces (parece ser que cada vez más) es determinada desde afuera de nuestro propio sistema jurídico-político. Tal es el caso de la influencia que tiene el derecho internacional sobre los sistemas jurídicos nacionales; o bien, está siendo determinada por otros actores o núcleos de poder que en nada responden a los intereses del pueblo, tal como ocurre con la indudable influencia que sobre la creación de las leyes tienen algunos grupos económicos, nacionales o internacionales.

Dentro del llamado neoconstitucionalismo, una de las teorías más influyentes es la llamada teoría garantista (que, a decir del autor del presente, el principal artífice de ésta, el maestro Luigi Ferrajoli, está destinado a convertirse en el Kelsen de nuestros tiempos) la cual sostiene que actualmente, el hombre es solo diferente en razón de su capacidad y de su nacionalidad; dicho en otras palabras somos tan iguales o tan diferentes tanto como nuestra capacidad o nacionalidad lo permita.

Ferrajoli, como positivista que es, tiene que inferir este argumento del derecho positivo de los estados constitucionales. Es decir, en el mundo (occidental) los sistemas jurídicos no reconocen mayor diferencia entre las personas sino las que se dan en razón de su capacidad y nacionalidad. Ferrajoli sostiene además que la primera diferencia entre las personas es una diferencia natural, mientras que la segunda es artificial, luego entonces hay que combatirla.

En base a esta idea de igualdad (reconocida en el derecho positivo) Ferrajoli construye lo que es la espina dorsal de todo su planteamiento teórico: la conceptualización (o reconceptualización) de los llamados “Derechos Fundamentales”. El garantismo es, a final de cuentas, todas aquellas técnicas jurídicas destinadas a la creación de normas que salvaguarden dichos derechos fundamentales.

La idea no es aquí extenderme en la explicación de la “tipología” que Ferrajoli hace de los Derechos Fundamentales y de sus técnicas de protección, sino más bien engarzar la reciente reforma constitucional en materia de Derechos Humanos con los postulados de la teoría garantista.

Lo primero que hay que decir es que la conceptualización garantista de los derechos fundamentales no es enunciativa, sino descriptiva. Con esto quiero decir que la teoría no hace una lista exhaustiva de todos aquello derechos que deben ser considerados como fundamentales, sino más bien, especifica qué características debe tener un “derecho” para que sea considerado como “fundamental”. Visto así, los llamados “Derechos Humanos” (que de acuerdo a la teoría garantista solo son una subespecie de los derechos fundamentales) son los derechos más amplios que existen, es decir, son todos aquellos derechos que les son reconocidos igualmente a todas las personas por el simple hecho de serlo. En este sentido, no cabe, para el ejercicio de estos derechos, ningún tipo de restricción, ni siquiera las que pudiera presentarse en razón de la nacionalidad.

La reforma constitucional en materia de derechos humanos es, sin lugar a dudas, una reforma garantista, en el sentido de que reconoce que los Derechos Humanos se extienden, en su conceptualización, más allá de las fronteras de nuestro Estado (y de nuestra soberanía), y marca las pautas para la creación de las normas de garantía (para ponerlo en términos de la teoría), es decir, las normas que permitan la protección de estos derechos.

Email: vgomez78@hotmail.com

twitter: @G_Anduro

marketing Ola Sonor@

ola sonora

comunidad sonorense de noticias,blogs y videos

01800 olasonora1